Coroneta

Coroneta
Una coroneta cortada per la mitá
COMO VEYÉ LOS ESCRITOS
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martes, 7 de febrero de 2012

Los Alfareros. Artesania en estado puro



Este escrito solo tiene valor pa yo, perque siempre he sentiu cosquilletas pa conocé más cosas d’este oficio; pero güeno, tamé servirá pa los que tiengan ixa misma curiosidá. Los que no la tiengaz, milló que no lo leigaz pas, perque tos resultará aburriu y “paliza”.


Una imagen perfecta pa ilustrá el principio d'esta historia.
É la foto d'un tellau a la que yo le veigo mucha fuerza plástica. La va fe el Cafetero


Hasta no fa muchos años, la vida en los pueblos estaba condicionada per una serie de circunstancias que las feba muy distintas a hoy. De todas, que ñay muchas, quizá una é fundamental. Me refiero a los despllazamientos d’un llugá a otro. Pa i d’Estadilla a Barbastro con bajes y carro ñabeba que contá p’encima de las 5 horas entre ida y güelta, y no digán pa i a Güesca, que se necesitaba un día pa i y otro pa torná.



To esto esplica, chunto con otras circunstancias, que dentro de cada pueblo ñabese una serie d’oficios que solucionaban las necesidades de cada comunidá. Ñabeba alpargateros, zapateros remendons, ferreros, cesteros, guarnicioneros, esquiladós, modistas, bordadoras y un llargo etcétera más. Casi toz treballaban dentro del pueblo, unos a la vista de to’l mundo como los cesteros u los alpargateros y otros en dentro de las casas, como las modistas u los sastres. Pero ñabeba algunos que la suya faena la feban más lejos del pueblo, como los cheseros, los picapedreros, los alfareros y algunos otros.



Ha siu la faena d’Alfarero, la qu’a yo, y tamé a otros críos, mos daba una sensación de treballo difícil, duro y como de misterio. Si mon iban a chugá p’el Terrero u a las covetas de Pepón u de Galicha, veyebas aquellas tenderillas de tellas metidas a secá al sol preparanlas pa cocé. Tamé veyebas a los amos del Tellá que pisaban y pisaban lo mismo que si’stasen en una pisadera d’ugas; pero aquí lo que pisaban era bardo. Y lo que más mos llamaba l’atención era aquella tremenda fumerra, que lo mismo saliba negra como’l carbón que bllanca como la nieve. Sin embargo, lo más espectacular de to, nunca lo va ve; pero me l’han contau. Cuan se feba “la fornada”, a la noche, per alto de to, se veyeba ruciente como si fuese la boca del infierno.



Como toz estos recuerdo los tiengo un poco dispersos en la memoria, y a más ignoro tantas cosas d’este treballo, va recurrí a la Familia de Casa’l Churau pa que m’ayudasen a ordená ixos recuerdos y m’esplicasen un poco to’l proceso que yo desconoceba. Ellos van sé los últimos Alfareros d’Estadilla.



Voy a intentá fe un resumen de to lo que me van contá, que va sé mucho y lo van fe con to clase de detalles. Va sé una hora y media llarga la que va’stá escuchanlos hablá del Tellá y del proceso pa fe las tellas. Me va resultá apasionante.


Una estampa ben maja que va captá el Cafetero de Val, cuan los sembraus verdeaban.
He queriu metela perque allá al otro lau, ya tocán a la ladera de la montaña, estaba el Tellá del Paso Aguinaliu de Casa Mamago. Y ixas franchas que se veyen, son el Salagón. Esta zona era prou güena pa sacalo


Los suyos antepasaus en teniban uno en Estada y dos ramas d’ixa familia se van establecé en Estadilla y van montá dos tellás. Uno en el Paso Aguinaliu, al otro lau del barranco Mazas. Era la familia de Casa Mamago. El otro debaixo del Terrero, era la familia de Casa l’Alfarero.



Se van instalá en estos dos llugás perque teniban cerca la “materia prima”. Se llama Salagón y é un tipo de arcilla mezcllada con otros componentes que la fan adecuada pa fe tellas. Después de cociu, este material qu’é fácil de moldeá, resulta resistente a los cambios de temperatura y é impermeable.



En el Terrero se presenta en franchas (estratos) y pa sacalo ñabeba que desescombrá muy ben, dixanlo a la vista. S’iban sacán a trozos, que son duros como si fuesen piedras. Estos trozos en contacto con el aigua se desfán, pa ixo se meteban en un pilón u poza que la contenise y s’iban moven con tochos llargos pa que se mezcllasen ben el Salagón y el aigua, fense bardo. Pero lo más curioso era qu’antes de metelos en dentro del pilón con el aigua, teniban qu’está muy secos ixos trozos.



En el suelo, a’lau del pilón, se meteban espuertas viejas de las desechadas per la fábrica d’aceite u tamé sacos d’esparto, y s’iba sacán ent’allí el bardo. Entonces se pisaba y pisaba con los peus descalzos u ben con alpargatas viejas pa “maceralo”, añadinle si feba falta, Salagón seco y desmenuzau hasta alcanzá el punto justo pa moldeá las tellas. Este punto solo los muy entendius lo apreciaban. Mientras se pisaba, ñabeba que sacá los zaborros q’habesen quedau sin desfé u cualquier piedreta caliza que s’habese quedau mezcllada. A cada una que no se veyese.... tella rompida al cocela. Dilatan más y las feban esplotá.



Esta operación de macerá el bardo no alcanzaba con una sola vez pa llená to una fornada, entonces ñabeba que repetila varias veces. A cada una se le llamaba “Mudada”.



Se posaba una mesa al lau de don estaba el bardo macerau y con una plantilla (más estrecha en una punta y más ancha per la otra) iban fen el trozo pllano del bardo que sería la tella. Entonces, con un molde de madera, que se llama “Corba” se le daba la forma redondeada. S’iban dixán en el suelo en ringleras muy llargas pa que s’isen secán al sol. Éste era uno de los momentos en don s’apreciaba los conocimientos del oficio, al sabé cual era’l punto esacto de consistencia del bardo como he dicho avans, perque al dixala tierna en el suelo no se teniba qu’afundí  p’el medio. El tení que secase al sol antes de metelas en el forno, feba que solo se treballase en verano. Cuan estaba to esta tenderilla en el suelo y veniba una tronada, podez imaginatos las carreras que ñabeba que pegá pa protegelas. Más d’una vez no se van podé salvá todas. Si se feba alguna fornada en invierno, eran tellas secas almacenadas del verano.


Muchismos de los tellaus que se veyen desde la Peña del Castillo d'Estadilla, la suya "fábrica", va se alguno de los Tellás que se nombran en esta historia. A más, allá al fondo se vei el Terrero y debaixo aún está el Tellá de Casa l'Alfarero; pero fa tiempos que no treballa.


Hast’aquí la primera fase de preparación del material pa cocé. Ahora hablaré de la fornada.



Esplicanlo de forma rápida, el forno era un cubo que per alto estaba abierto al cielo y per debaix se feba el fuego. La leña se meteba per un forau abierto abaixo enta devan, no muy gran. Pa separá el fuego del material a cocé, ñabeba unos arcos con un suelo encima to d’adobas qu’estaban separadas entre sí, pa que podese pasá el fuego enta dentro del forno. Lo primero que se meteba encima de esta base eran piedras calizas, que recibiban el impacto directo de las fllamas. Las primeras en posá eran las más gordas pa i tapán los foraus d’entre las adobas, después s'iban metén de más chicotas igualanlo to hasta formá una pllataforma completamente pllana. Estas piedras después de cocidas é lo que se llama “cal viva”.



A continuación se colocaba una capa de ladrillos macizos (maons) pa cocese y ya’ncima, las tellas drechas una pegada a la otra hasta la paré d’enfrete. Después otra fila en distinta dirección y así se feba la primera capa de tellas, sin ningún tipo de simetría en las filas. Una vez completada la capa, ñabeba que “calzalas” con trozos viejos pa que no se movesen. Encima otra capa que no coincidise la dirección con las de debaixo. D’esta forma el fumo y la caló pasase milló, hasta salí per alto. Cuan ya’staba el forno lleno, per to la parte d’encima, se tapaba con trozos de tellas viejas y rompidas, cerranlo lo milló posible.


He podiu enterame que cuan se van fe las escuelas, van está treballán los dos Tellás que nombro en este escrito pa fe el tellau.
Foto feita p'el Cafetero.


En una fornada cabeban 4.500 tellas. To lo que conto se refiere al Tellá del Terrero.



Cuan ya’staba to preparau pa’mpezá la fornada, s’enceba el fuego pronto p’el maitino. La leña que s’usaba teniba que fe mucha fllama y per ixo, el principal combustible era el romero qu’a más é abundante per la sierra. El fuego se manteniba a to meté hasta’l final de la tarde (unas 12 u 14 horas seguidas). En ningún momento teniba que baixá la intensidá de las fllamas. Durante este tiempo ñabeba momentos muy peligrosos al meté p’el forau una brazada de leña, perque podeba revocá una fllamarada enta fuera y abrasá al qu’estase deván. Tamé era en esta fase de la cocción cuan saliba una fumerra tremenda. Unas veces era muy negra, cuan se meteba el faixo de los romeros y empezaban a quemá y otras era bllanca cuan las fllamas per abaixo eran más limpias y saliba solo el vapor d’aigua que llevaban las tellas. Después de estas 12 u 14 horas, la leña se meteba menos seguida, más espaciada.



A media tarde, antes de baixá la intensidá del fuego, se teniba que “sellá” la parte d’alto del forno. Este sellau se feba con “cocas de bardo”. Se cogeban to pllanas con una mano y s’escllafaban entre los cascotes que cerraban el forno. Como estos empllastes de bardo s’iban cocén, s’encogeban y ñabeba qu’i-ne metén más. Esta operación se feba pa que la caló se mantenise milló en dentro y s’unificase la temperatura per toz los rincons del forno.



Era tan tremenda la presión que se generaba en dentro, que ñabeba que posá estampidós p’aguantá la paré de deván, y ixo qu’era paré doble.



 Al llegá la noche se teniba que seguí fen fuego y era entonces, al desaparecé la luz del día, cuan el Tellá alcanzaba su belleza máxima. Se veyeba to ruciente y el resplandó daba a la noche una estampa mágica. (Perdonaz este momento de debilidá mío, al convertí una fase d’este treballo tan duro de los Alfareros, en una bella imagen).



El tiempo que se necesitaba fen fuego p’acabá la fornada era de día y medio (unas 36 horas), y sabeban cuan estaban cocidas las tellas per la ceniza que quedaba encima del forno. Solo los muy esperimentaus llegaban a distinguí la “calidá” d’esta ceniza pa meté punto final a la fornada. L’habeban aprendiu a base de muchos años en el oficio. Entonces se dixaba de meté leña, se tapaba el forau per don s’estaba fenlo, dixanle una gatera pa que respirase el forno y s’esperaba otro día y medio pa que s’ise enfrián y podé i sacán las tellas. Esto d’enfriase é una forma d’hablá, perque aún esperán ixe tiempo, seguiban salín quemán, sobre to las capas d’alto.


Güeno, ya pa acabá voy a meté esta foto que simboliza un poco el fin que les espera a las tellas de artesanía, aunque ben é verdá, que dentro de mil años se seguirán trobán tellas en cualquier rincón del mundo. Aunque los edificios que  protegeban s'haigan caiu, ellas son más resistentes que los tiempos.
Foto feita per Xavier Bayle


Güeno, aquí voy a meté punto final al escrito y quiero recordá, que lo que conto é solo un resumen muy reduciu de la tremenda faenada qu’era sé Alfarero. No he hablau del abastecimiento de las cargas y cargas de romero que se necesitaban, ni del aigua que ñabeba qu’acarreá desde el pueblo con el carro y un tonel encima, ni de los problemas que teniban con la tremenda caló qu’a veces se “derretiban hasta las piedras”.... ¡Pero literalmente!. Y mil cosas más que farían “la historia interminable”.



Ojalá si alguno tenibaz la curiosidá como yo, de conocé un poco milló el mundo tan apasionante d’estos Artesanos, tos pueda serví el mío escrito. Tamé quiero agradecé a los últimos Alfareros d’Estadilla, el tiempo que me van dedicá esplicanlo to con tanto detalle.





                                                                                              Francho Chardiz

domingo, 25 de diciembre de 2011

El baúl de lo imposible

Un cuento dirigiu a los más menudos. Hoy que casi toz los chuegos no desarrollan demasiáu la creatividá, quiere sé una goteta en este mundo de los críos, que les n’endan casi to feito.


Érase una vez, fa muchos, muchos años; cuan España estaba dividida en trozos (Reinos, Condados, Taifas y algunos amos más de per aquí y per allá), ñabeba un Señor muy rico, muy rico, que mandaba en pueblos, villas y ciudades; teniba muchos siervos y vasallos. Se llamaba Don Fabrique Téllez de Montearagón. Estaba casau con Doña Gumersinda de Borgoña y viviban en un palacio grandísimo. Teniban un hijo que se llamaba Beltrán y lo criaban y educaban pa qu’algún día, cuan ellos se fesen muy viejez, heredase toz los suyos dominios, que como tos he dicho, eran muchos.

Palacio

Este matrimonio tamé teniban una hija más chicota. Se llamaba Blanca y era una preciosidá de criatura; graciosa, simpática y traviesa como toz los críos.

A su pare, Don Fabrique, se le caeba la baba con ella y le daba toz los caprichos y tamé le concedeba toz los deseos que se l’antojaban.

Su mullé, Doña Gumersinda, siempre le diba:

            —Mirad, esposo mío, que le estáis dando demasiados caprichos a nuestra hija y la estamos mal criando.
            —¡Ay mi Señora! Quizás tengáis razón. ¿Pero cómo puedo negarle aquello que me pide, con ese encanto tan natural que atesora?

Así van i pasán los años y Blanca creceba y se feba una doncella guapísima. Toz los caballeros solteros que la conoceban quereban casase con ella, perqu’además de se muy guapa sus pares eran muy ricos y al contraé matrimonio la dote sería muy gran.

Doncella

Sus pares le van di un día:

            —Amada hija, ya va siendo hora de que entre todos estos caballeros que te pretenden, escojas a uno para ser tu esposo.

Ella como era muy feliz y estaba muy contenta vivín con sus pares, no teniba ningunas ganas de casase y le va di a su pare:

            —Padre mío, yo solo me casaré con aquel caballero que me traiga un Milandro que cante y que baile.
            —Hija, ¿Pero qué es eso tan raro que pides?
            —Padre, si algún caballero me ama por mi misma, buscará por el mundo entero hasta descubrir y encontrar lo que yo quiero. Debe ser él quien averigüe lo que yo deseo y así me demostrará su amor.

Su pare se va quedá un poco amuinau; pero como siempre l’habeba concediu to lo que quereba, va mandá mensajeros per toz los rincons del reino y de los reinos vecinos, esplicán cual era la condición que meteba su hija pa casase.

Van llegá muchos caballeros lleván las cosas más normals y tamé las más estrambóticas del mundo, habé si aquello era lo que Doña Blanca quereba: Cardelinas, alondras, mirlos, crabas, onsos, monos, elefantes y hasta una culebra cobra de la India. Esto en cuanto animals; pero tamé le van traé: Juglares, trovadores, saltimbanquis y hasta una gitana que cantaba, bailaba y tocaba la pandereta.

Gitana

Pero ella siempre diba lo mismo: Si solo cantaba, que no bailaba; si bailaba que no cantaba, y si cantaba y bailaba que no era un Milandro.

Don Fabrique ya'staba perdén la confianza de qu'alguno podese satisfacé los deseos de su hija. Pero un buen día va llegá a palacio un elegante y apuesto Caballero con una carroza tirada per cuatro caballos bllancos. Estaba engalanada con sedas, cintas, encajes, almadons de pllumas, y to clase d’adornos en mil colós. En el centro de la carroza, iba un baúl precioso, con incrustacions de pedrería, cantoneras de oro y cerrallas de plata, y le va di a Doña Blanca:

            —Aquí, dentro de este baúl, os traigo aquello que tanto anheláis, un Milandro que canta y que baila.

Caballero

Va encargá a unos criaus que descargasen el baúl y lo llevasen al salón principal del palacio.
            —Bien, voy a abrirlo para verlo—Va di Doña Blanca.
            —¡Ah, un momento!—La va frená el Caballero—Si queréis abrirlo se debe desalojar antes el palacio. Que todos los soldados que lo custodian y todos los criados que os sirven, se alejen una distancia no inferior a la que alcanza una piedra lanzada con honda. También deben desalojarse todas las casas y viviendas que rodean el palacio. Yo no puedo garantizar que todas estas personas estén a salvo, si se abre el baúl.

Doña Blanca se va quedá petrificada, y como é natural sin atrevese a’brilo p’el miedo a que pasase lo que le diban.

Entonces va intervení su pare:

            —Mi muy amada hija, este Caballero te ha traído aquello que deseabas, por lo tanto, tu ahora debes cumplir con tu palabra dada y casarte con él.

Y así va pasá, se van casá y s’en van i a viví al palacio d’aquel Caballero, que tamé era muy rico, casi tanto como Don Fabrique. Se van llevá el baúl, que ninguno se v’atrevé a abrí.

Van i pasán los años. El matrimonio no va sé de los más felices; pero tampoco de los más desgraciaus. Van tení hijos y nietos y biznietos y ya cuan se van fe muy viejez, pos se van morí.

Muchos años después de to esto que conto, un biznieto u quizá tataranieto de Doña Blanca y su marido, v’abrí el baúl cuan ya s’habeba perdiu la memoria de perqué estaba cerrau, y dentro....... ¡No ñabeba nada, estaba vacío!

A toz mis güenos amiguez qu’haigaz leiu este cuento, una cosa quereba añadí: Cuan tos encontrez con un problema que paezca qu’é difícil de solucioná, intentaz rebuscá y a lo milló con una miqueta de inteligencia, la solución no é tan complicada.


                                                                                              Francho Chardiz

lunes, 14 de noviembre de 2011

La caja de nacar


Este maitino, cuan m’he despertau, he teniu la sensación qu’habeba soñau algo muy majo, muy “placentero”. He intentau i tiran del filo habé si podeba recordalo. Poco a poco he iu ven qu’en realidá no era un sueño. Se vei qu’en ixe duerme-vela en la que a veces se cae, estaba recordán un cuento que m’esplicaba mi agüela cuan yo era muy chicó y me diba que a ella, ya l’en habeba esplicau la suya agüela, cuan era una crieta.

La Carrodilla con los porches, la pllaceta y los balcons de "La Casa los Amos"
Poco más u menos diba así:

Ñabeba una vez, fa muchos años, una familia d’ermitaños en la Carrodilla que la formaban el matrimonio y cinco hijos (tres zagals y dos zagalas). Tamé estaban con ellos los pares d’él y dos tíons d’ella. A más, ñabeba algunos criaus, como pastós, boyeros, mozos de mula y algún qu’otro, que tamé viviban  allí.

Entre toz cuidaban la’rmita y la Casa los Amos y a más treballaban las tierras y sacaban aván los rabaños prou grans de güellas y crabas que teniban.

En esta foto antigua de la Carrodilla, aún se vei la basa pa abrevá los animals

Uno de los craberos viviba en Estadilla don teniba a la mullé y los hijos. Cada día subiba a soltá p’el maitino y per la noche baixaba a dormí a casa suya. Un día les va subí a los ermitaños un mandau que l’habeba dau la Siña Orosia, dinles qu’aquel domingo subirían con el suyo marido, el Siño Raimundo, a’ncendé una vela a La Virgen per un favor que les habeba concediu y que aprovecharían pa feles una visita.

La Siña Orosia y el Siño Raimundo eran unos parientes lejanos de la familia que viviban en Estadilla y eran de mucho postín.

Aquel domingo van fe fiesta to’l mundo, y después de limpialo y arreglalo to, se van mudá pa’speralos.

El más chicó de los hijos de los ermitaños se llamaba Martín y tendría como cinco u seis años. El crío era un polvorín, no s’estaba quieto ni atau a la pata la mesa. Como era tan tremendo su pare le va dí:

            —Hoy te vas a’stá quieto y callau to’l tiempo qu’estén los tíos aquí...., sino charrarén tu y yo después.

Foto que va fe Xavier Bayle y que no necesita comentario

Ya cerca del mediodía van ve aparecé per allá per la faixa llarga, al tío Raimundo a caballo de la yegua y a la tía Orosia montada en la mula mansa. Los acompañaba un gañán a peu.

Después de fese los saludos que tocaban, las ofrendas a La Virgen y descansase un raté, los van sentá en la preferencia de la mesa del comedó de los ermitaños pa serviles una comida con lo milló que ñabeba en la dispensa.

La Virgen tal como está hoy

To va i muy ben, la comida, el vino guardau pa las grans ocasions, las charradas en la mesa y hasta el tío Raimundo se va fumá un puro

Pero la tía Orosia, qu’era muy llarga, se va’strañá que Martín s’estase tan quieto y tan desconociu. Se le v’acercá y en voz muy baixeta le va preguntá:

—¿Qué te pasa Martín?
—¡¡Que no soy feliz!!

 Martín va contestá ixo, lo mismo qu’habese podiu contestá: “Que quiero corré y chugá” u “Que quiero i a cazá engardixas a cualquier carasol”. Pero nó; le va salí, “¡Que no soy feliz!”.

Entonces la tía Orosia lo va cogé de la mano y le va di:

            —Viene con yo que te voy a contá una historia.

Van salí afuera y se van sentá en el banquilé de deván de la puerta la iglesia, y ésta e la historia que le va contá:


Aquí, deván la puerta la iglesia, se va sentá la tia Orosia pa contale la historia a Martín
“Ñabeba una vez una nina, poco más u menos de la tuya edá, qu’estaba cogén moras pa que le fese confitura su mare.”

“En esto, que vei una caja muy maja en dentro del barcero. Como va podé, con algún esgarrañazo qu’otro, la va cogé y se va quedá miranla. No era pas una caja cualquiera de lata u de madera. ¡No!. Era una caja con incrustacions de nácar, con reflejos de colós cuan le daba el sol. ¡Preciosa!”—Seguiba contán la tía Orosia.

“Ixa zagaleta va queré abrí la tapa a ve que ñabeba en dentro; pero estaba cerrada. Entonces se va da cuenta que del ansa le colgaba una cadeneta con una llave chiquerrina. Va cogé la caja, la va dixá encima de una piedra gran, se va sentá en el suelo y va probá a meté la llave per la ranureta que llevaba la caja...., le va da güelta y....¡clic!, va cedé la cerrala.”

“Con toda la ilusión del mundo va cogé la tapa y la va i llevantán despacio...., despacio...., despacio”

Entonces la tía Orosia se llevanta del banquilé y s’en va’nta’l comedó con toda la familia a seguí charrán.

Una vista de la zona de dentro del recinto

Martín se va quedá pensán y pensán y pensán:

            —¿Que ñabría en dentro de la caja?—Se preguntaba

Se llevanta, s’en v'a busca a la tía Orosia, y le dice:

            —¿Pos qué ñabeba en dentro de la caja?
            —Todavía no lo sabe—le contesta—aun la está abrín.

Ojala toz los que haigaz leíu este cuento, encontrez la vuestra caja y que jamás l’acabez d’abrí del to.

                                                                                  Francho Chardiz

sábado, 15 de octubre de 2011

Hoy matán el tocino

(La “Matanza del cerdo” ha siu desde tiempo inmemorial un momento muy importante en la vida de los pueblos. Se feban muchos preparativos y se consideraba ixe día de gran acontecimiento y de gran fiesta. Ñabeba una razón principal per la que teniba tanta importancia: ixe día se llenaba la dispensa.
Esto que voy a contá trata d'un día en la vida d’un nino de 7 u 8 años, en la primera vez que participa en la matanza y el mondongo, condicionau p’el ambiente que se respira en la suya casa)


La matanza del cerdo.
Escena sacada d'un calendario medieval


Las noches se van fen más llargas y más frías. Ya pronto empezarán a vení los vecinos a pasá las veladas a’lau del fogaril. P’al verano, las comidas y las cenas las fan en el comedó, en la mesa gran. Ahora ya mos metén en la cocina. El yayo y nusatros mos sentán en el banco con los pllatos encima la mesa de “meté y sacá”. (É una  tabla llarga y estrecha que se colga en la paré cuan no se usa y después alguno la “para” cuan el yayo está sentau al cabo de to pa comé). Se mete entre el fogaril y el banco. Los demás, en la mesa redonda del fondo la cocina.


San Martín
Tamé s’acercan las fechas de matá el tocino. Cada noche, desde fa días, se colga el caldero de la pastura pa los dos que s’están engordán. Primero matarén el más luciente, cuan haiga pasau San Martín. El segundo lo dixán pa Febrero. El peso güeno sería entre 8 y 10 arrobas; pero si no llegan, tamé los matarén.

            —Ves avisá a la tía Concha de Casa Juanico y a la Siña Manoleta Lariero, y diles qu’el jueves de la semana que viene matán el tocino—M’ha dicho hoy mi mare al salí de la’scuela.

Estas dos mullés vienen fijas cada año. Las otras mondonguiaderas van cambián segúntes puedan vení u no. Algunas están solo p’el maitino y otras solo per la tarde. Güeno, siempre s’achuntan entre cuatro u seis. Verén este año, ya s’están avisán. Tamé s’ha buscau a la mullé que mos ha de llavá los budillos. Esta faena se fa en un cuarto que ñai en el mismo matadero; pero he sentiu di que con aigua fría. ¡Pobrachas, están en invierno!. Nunca h’entrau en ixe sitio. ¡Fa una pudó…..!

Esta é una tocina con tocinez.
Éstas no se teniban pa fe la matanza, se dixaban que criasen y dixá algunos pa recriá y los otros vendelos

¡Y’ha llegau el día! Mañana matán el tocino. Hoy no s’en ha feito pas de pastura. Esta noche no ha de comé, así tendrá las tripas más limpias. En casa se respira como un aire de acontecimiento per llegá. Las mullés un poqué nerviosas per la faena, yo tamé perque iré con el yayo a fe fuego pa’scaldalo. Los homes más tranquilos.

Hoy le dicho al maestro:

            —Mañana no podré venir a la escuela porque matamos el cerdo.

Él ya sabe que ixe día é de gran fiesta en las casa que se fa mondongo. No ha metiu ningún problema. (A más, alguna coqueta le llegará).

Pronto pel maitino ha veniu mi agüelo a la cama pa llamame.

            —Au, llevántate —me dice— que ya tenín que marchá al matadero.

Me visto a’scape, almorzo un pllato sopas y un güego frito en una basa d’aceite, como a yo me gusta (to ven chafadé), y mon van.

A nusatros mos toca a medio maitino. Ñai ventitantos pa matá hoy.

Aprovechán esta foto antigua de una familia en el Portal de la Fuente, se pue ve el antiguo matadadero tal como era la parte de deván. La puerta gran de la izquierda era la entrada al matadero y la de la drecha a las corraletas.

El fuego se tiene qu’encedé pronto pa qu’el primero tienga el aigua hervín. Los que van detrás tienen que seguí fen-ne. El aigua que se saca pa cada tocino, se tiene que i rellenán en la caldera, y claro, en poco rato tiene que está otra vez a punto pa’scaldá el siguiente.

Los faixos de leña s’han iu traén per cada casa que fa matanza. Se dixan afuera, en la pllaceta del Portal de la Fuente y se van cogén per unos y otros. S’en gasta mucha perque casi toda é delgada y se quema más aprisa.

El tocino nuestro ya'stá en las corraletas. Cuan me veyen a yo per allí, to un crié con mi agüelo.

            —¿Qué viens a’guantá la pata del tocino?—Me dicen algunos sonreinse.
            —Nooo, no tiengo prou fuerza—Les contesto—Solo ayudá al yayo a fe fuego.

Pronto me canso. El cuarto don está el fogaril y la caldera é muy chicó y como se fa mucha fllamarada con la leña delgada….., no se pué aguantá la caló.

El siguiente el nuestro. Han baldeau con galletas d’aigua el suelo pa dixalo limpio de sangre y porquerías del tocino d’avans. Ha quedau que s’esllisa mucho. Te puez pegá un culazo como no veigas con tiento. Ya ha llegau la tía Concha al matadero pa cogé la sangre en un cacharro. (Servirá pa fe las coquetas negras y las morcillas). Toz los años é ella la que baixa a fe esta faena.

El tocino se mata en una vacía que está “culo ent’alto”. Se saca de las corraletas, se coge entre toz los que están per allí y se mete encima. Ñai dos matachíns. Después de muerto, aquí mismo s’empeza a limpiá la piel per fuera y s’acaba metén en otra vacía (ésta al drecho). Aquí s’escalda y se raspa pa sacale toz los pelos. Pa dale la güelta en la vacía, s’han metiu dos sogas per debaixo del cuerpo y estiranlas per las puntas, se fa chirá enta un lau y enta'l otro.


Esta foto é del Cafetero y la va fe un dia de la fiesta del mondongo de fa pocos años. Mos enseña como se capolaba la carne pa i preparan las llonganizas
Después se colga de la carrucha per las patas d’atrás, dixanlo a un palmo del suelo. S’acaba de limpiá y per último, con una eschelaga encendida se sucarran los pelos qu’han quedau.

Cuan está prou limpio per fuera, los matachíns, empezan a despiezalo. To la carne se va metén en dos carretillos, que ya'stán preparaus con sábanas viejas, pero limpias, pa llevalo de seguida a casa. Se corta un trozo pa’l veterinario, que mire si ñai triquina (se saca de toz los tocinos que se matan). Las tripas se las llevan al cuarto de llavalas. Solo ñai dos cosas que se tiran allí mismo a la ceclleta del desagüe: las zoquetas de las patas y la fiel. (¡Y ojo con la fiel que no se ravente pas!. Podría malmeté to la carne. É amarga)

            —Toma la visiga, pa tu—Me dice un matachín.

Yo me la miro….., y con la punteta los dedos la cojo y l’en doy a’scape a mi agüelo.

            —Guárdemela—Le digo con cara de feme poca gracia aquello
—(¡Pos si está llena de sebo per toz los laus!)—Penso.

Y’han acabau en el matadero. Ahora con to la carne pa casa. Abaixo en el repostre se dixa lo que no feiga falta de seguida. Lo de salá, lo de adobá….., lo otro se sube ent’alto a la recocina. Las mullés ya'mpezan a desgüesá y a capolá la carne pa'mbutí.

En esta foto tamé del Cafetero, se vei como se rellenan las llonganizas. Se usa la misma máquina de capolá la carne, solo qu'aquí se la sacau la cuchilla de cortá y se le mete un envasadó apropiau. Con el sinfín que lleva la máquina se va espientán la carne que se va metén per la boca.

Per toz los laus ñai carne, per toz los laus sangre, per toz los laus grasa, per toz los laus gente p’aquí y p’allá.

            —(Esto no é pa yo—Penso—Aquí no’stoy a gusto. M’en voy. Tampoco m’encontrarán a faltá….. Ya tornaré al mediodía).

Cuan viengo a la una pa comé, la faena está prou adelantada. Ñai dos barreños llenos de carne capolada pa las llonganizas, uno pa los chorizos y una caceroleta pa los salchichóns. Ahora mismo les están metén la sal, las especias, las yerbas……, güeno, toz los adobos; pa que mientras comán, veigan cogenlos. La tía Concha é la que sabe milló si falta d’esto u d’aquello. Todas le preguntan a ella.

¡Que ven mos enseña el Cafetero las llonganizas acabadas y colgadas a secá!

Alguno m’ha limpiau la visiga. Me la hinchan, la atan con una lliza pa que no’scape el aire y me la dan.

            —Toma, pa que chugez per la calle—Me dice.

Está to lo limpia que se puede, pero aun tiene algo de sebo p’el pitorro. Poca gracia me fa.

La hora  de comé é la que más me gusta de to’l día (chunto con la cena). No precisamente perque yo seiga comedó, que no lo soy brenca. É perque mos achuntán un montón de chen. Los homes que tornan aparecé, después de no veyese en to’l maitino (lo mismo qu'a yo). Las mondonguiaderas con alguno de la suya familia que viene pa no está solo en casa. Siempre ñai alguno un poqué más gracioso (u graciosa), que fa rei a los demás. Allí mos quedan los críos encandilaus sentín hablá a los grans de mil cosas.

Pa comé sa preparau una ollada de caldo del güeno. Pa después he visto que ñai una cacerolada de cosas muy raras. Me paece qu’he visto tacos de sangre, algo de tripa y hasta he sentiu que diban libiano. ¡Pero cómo se pué comé esto…., aunque l’haigan feito con salsa pa disimulalo!.

            —Mamá, yo con la sopa ya’n tiengo prou. Se m’en ha iu la fame.
            —¿Cómo te vas a quedá sólo con la sopa?. Ya te preparo una sartenadeta de carne capolada de las llonganizas, con una salseta de tomate—Me dice.
            —¡Ah, güeno!. Paece que ya m’ha tornau—Le contesto.

Pa postres, ñai feitos pastillos de carbaza y cocas.

Per la noche pa cená, sa feito un pllato de sopas pa cada uno, esquerola y después, los que quieran, del mejunje ixe tan raro q’ha sobrau del mediodía , y los que no, tortillas de patata.

To’l día, desde p’el maitino, ñai hervín un caldero en el fogaril. Se van metén y sacán, así como se van cocén, las cosas que van fen falta. Las tripas (después de limpias), el libiano, los güesos que se les ha sacau la carne, p’acabá de limpiá lo que les haiga quedau per los rincóns. Y más cosas que milló no sabé, perque muchas servirán pa fe las butifarras, que sí me gustan. Tamé he visto que s’estaban fen las coquetas, blancas y negras, pa metelas en el caldero. Me paece qu’esto é de lo último.

Per la tarde, s'embuten en los budillos las carnes preparadas pa las llonganizas, los chorizos y los cuatro u cinco salchichóns. Tamé se fan las butifarras.

Yo m’envoy a la calle que deben d’está los zagals a punto salí de la’scuela. Les dixaré la vixiga, y si alguno la quiere, que se la quede. A yo…., cuanto más lejos la tienga milló.

¡Güeno, ya s’acabau el día!. Hen cenau y antes de isene cada uno pa casa, se’stán un raté de tertulia y descansanse.

Pareciu a este era el caldero en don se feba la pastura pa los tocinos y que después serviba pa fe to las cosas del mondongo.
Solo ñai una cosa muy diferente, que éste é nuevo y aquellos estaban negros, negros del follín per fuera. Per dentro siempre se limpiaban antes d'usalos pa cosas de comé.

¡Pobres mullés!. Que día más atrafalagau han teniu. Que pesau tie que sé pa ellas el día del mondongo. ¡Ah, y no solo ixo!. Pa mi mare solo é el principio. Con alguna mullé que vendrá a’yudale, tiene que limpialo to. Fe las chiretas. Prepará la manteca y metela en la olleta pa guardala. Fe los salazóns. Más avan, fe los adobos en aceite. ¡No s’en acaba pas to la faena el día que se mata el tocino, no!. En queda güen montón pa después.

Ahora, yo m’en voy a la cama. Ya teniba ganas qu’acabase el día. He saliu farto.  Entre visigas, sangre, carne, grasas y nervios de los grans……, en he teniu prou.

Cuan se tienga que matá el otro tocino pa Febrero, le diré a la tía Juaquineta si me invita a comé y a dormí en casa d’ella. Aunque me gusta sentí hablá a los grans en las horas de las comidas, prefiero no está ixe día per casa.





                                                                                              Francho Chardiz